Planchando el vestuario...
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Esta obra es una sátira mordaz del mundo contemporáneo, que explora con humor y agudeza temas como la rebeldía adolescente, la resistencia ciudadana y el abuso de poder. Cuestiona la capacidad humana para enfrentar y actuar ante las injusticias globales.
2 premios y 5 nominaciones en total.
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12 reseñas de la comunidad
El peso de las hormigas es una obra que utiliza el humor, la tensión y la sensibilidad para hablar de algo profundamente humano: la dificultad de actuar cuando sabemos que algo no está bien. La puesta en escena nos lleva a ese lugar difícil en el que muchas veces preferimos guardar silencio, desviar la mirada o convencernos de que ciertas injusticias no nos corresponden. Lo interesante de la obra es que no plantea la injusticia como algo lejano o extraordinario, sino como algo que puede aparecer en lo cotidiano, en los vínculos, en las pequeñas decisiones y en las omisiones. Por eso confronta: porque no solo cuestiona a quien hace daño, sino también a quien observa y decide no involucrarse. Sin embargo, El peso de las hormigas no se queda únicamente en la denuncia. También abre una posibilidad más luminosa: la de encontrar belleza en el mundo como una razón para querer salvarlo. Esa belleza no aparece como una salida fácil, sino como una forma de resistencia frente al desencanto.
Ver reseña y comentarLa urgencia de una aparente sencillez. En este mundo contradictorio y en estos tiempos de desesperanza, la complejidad ya no parece suficiente para darnos las respuestas que hoy necesitamos. En este contexto, lo simple surge como una oportunidad de repensar nuestra existencia y a nuestra sociedad, y eso es lo que esta obra refleja y defiende. Con un argumento casi anecdótico, El peso de las hormigas nos plantea una realidad absurda que se percibe dolorosamente cercana, la de una sociedad que ha dejado de ver al otro, de preocuparse por lo ajeno y que no puede concebir nada más complejo que la propia satisfacción de necesidades banales. Hoy, ser empático es un acto tan extraño que llega a sentirse subversivo y desencajado, pero la obra se atreve a mostrarnos el hipotético encuentro de dos seres que deciden tratar de cambiar su realidad con toda una sociedad en contra. Una comedia que debe ser lo más entretenida posible, para no deprimir a su audiencia. Objetivo que se logra de manera excepcional, con una dirección que entiende la profundidad de un texto aparentemente simple; un elenco comprometido con la comedia, pero también con el mensaje que se quiere dar; y una producción que aporta dinamismo al cumplimento de su misión discursiva. Sin duda, una de las comedias juveniles más relevantes que se han montado en los últimos años, y que no extraña que venga de Los Endebles.
Ver reseña y comentarDespués de ver El peso de las hormigas quise renunciar a mi trabajo. No por el trabajo en sí, sino por el impulso de moverme de cualquier inercia y hacer algo. La obra mira la adolescencia desde ese huracán de emociones que cuesta entender y explicar. Habla de la rabia, la frustración, las injusticias y de sentir que tu voz aún no cuenta. Pero también logra que, sin importar la edad, regreses a ese “yo” que quería cambiar el mundo y no sabía por dónde empezar. Mariana López Dávila y Germán Bracco vuelven palpables esas emociones; Boris Schoemann y Mahalat Sánchez sostienen un mundo adulto entre la resignación y el despertar, mientras Yayo Villegas suma fuerza con su actuación y diseño sonoro. Al salir, mi hija y yo no pudimos elegir un personaje favorito: todo funcionaba como una sola pieza. Salí con ganas de sumar mi peso al de las hormigas y mover, aunque fuera un poco, la balanza.
Ver reseña y comentarUna propuesta que se siente genuina y bien lograda. La dirección de Angelica Rogel pule cada detalle en escena. Boris disfruta cada momento en escena y eso se nota. Una obra que nos plantea desde el humor un tema tan complejo como lo es el actuar ante situaciones que parecerían más grandes que uno. Una obra pertinente en nuestros tiempos. Todo el equipo es excepcional, un gran diseño sonoro de Yayo Villegas, que te transporta a cada momento de la obra. Definivamente este montaje nos demuestra que el menos es más, la forma en la que resuelven la obra es increible, y logran llenar un espacio tan grande como lo es el Juan Ruiz de Alarcón.
Ver reseña y comentarEl peso de las hormigas enfrenta con humor no solo al sistema tan irreconocible e injusto en el que nos encontramos, también nos enfrenta a preguntas que a veces nosotros mismos dejamos sin respuesta. Nos enfrenta y nos grita ¡Fuck You! Muy necesariamente. La obra se sostiene sobre clichés bien intencionados y que funcionan sin problema. Los golpes cómicos conectan suavemente con el público y generan complicidad fácilmente y los personajes principales mueven toda la obra a partir de sus inquietudes aunque quienes terminan destacando son los demás personajes. Sin duda recomendable.
Ver reseña y comentarEl Peso de las hormigas debería ser vista por todos aquellos rebeldes del mundo. Porque trata de la frustración de lidiar con un mundo que nos gustaría cambiar y no saber cómo, ni siquiera saber si se puede, lo hace de una manera increíblemente graciosa y entretenida. Es un apapacho al corazón para las personas idealistas como su servidor. Lo único es que aunque el texto me fascina, sabiendo que el dramaturgo es Canadiense se entienden la forma en la que se manejan las dinámicas del contexto de la obra como la escuela. Y esto es meramente personal, no resta o suma a la calidad de la obra; creo que me gustaría verlo adaptado a una realidad más Mexicana.
Ver reseña y comentarNo sabía que esperar por el título y se convirtió en una de mis favoritas del año, excelente trabajo y química de todos. Luchemos por mejorar lo que queda de este mundo, sobre todo asistiendo al teatro ❤️
Ver reseña y comentarUna obra tan divertida como necesaria. A través de un humor muy accesible, El peso de las hormigas nos lleva a una preparatoria para hablar sobre el bullying, la indiferencia y esas pequeñas decisiones cotidianas que también pueden sostener una injusticia. Sin caer en el sermón, consigue abrir conversaciones importantes mientras mantiene un ritmo ligero y cercano. Con actuaciones muy sólidas y una dirección que aprovecha el humor para potenciar el mensaje, es una de esas obras que se disfrutan tanto como invitan a reflexionar.
Ver reseña y comentarUna obra maravillosamente dirigida que reflexiona sobre las grandes problemáticas que enfrenta la juventud y, en general, la sociedad actual, en un entorno dónde el mundo nos importa cada vez menos, la empatía con otros es la única solución que puede hacer valer nuestro peso como hormigas.
Ver reseña y comentarLa obra pone la mirada sobre aquellas denuncias que muchas veces quedan sin respuesta y la necesidad de seguir mirando hacia adelante aun cuando el panorama parece adverso. Un montaje inteligente que, desde el humor, nos invita a cuestionar nuestra realidad y recordar que las pequeñas acciones también pueden transformar lo que nos rodea.
Ver reseña y comentarUna obra sobre la vida en medio de la tormenta, y sobre cómo ejercitar el músculo del optimismo. Reparadora. Un montaje redondo, luminoso; para no olvidar que mucha gente sí es suficiente.
Ver reseña y comentarMe pareció una obra agradable, me reí por momentos, me gustó cómo incorporan el sonido a la acción de los personajes y los múltiples personajes que hacen entre todos. Muy destacable la actuación de Boris y también me pareció que a Mahalat le quedaron como anillo al dedo sus personajes. David Paquet no está en mi top de dramaturgos québécois, pero no lo hace mal. Definitivamente disfruto mucho más la dirección de Angélica Rogel cuando no trata de montar “clásicos” …me dio vibras de 245 actos de maldad extraordinaria meets mean girls meets el fin de la humanidad
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El peso de las hormigas es una obra que utiliza el humor, la tensión y la sensibilidad para hablar de algo profundamente humano: la dificultad de actuar cuando sabemos que algo no está bien. La puesta en escena nos lleva a ese lugar difícil en el que muchas veces preferimos guardar silencio, desviar la mirada o convencernos de que ciertas injusticias no nos corresponden. Lo interesante de la obra es que no plantea la injusticia como algo lejano o extraordinario, sino como algo que puede aparecer en lo cotidiano, en los vínculos, en las pequeñas decisiones y en las omisiones. Por eso confronta: porque no solo cuestiona a quien hace daño, sino también a quien observa y decide no involucrarse. Sin embargo, El peso de las hormigas no se queda únicamente en la denuncia. También abre una posibilidad más luminosa: la de encontrar belleza en el mundo como una razón para querer salvarlo. Esa belleza no aparece como una salida fácil, sino como una forma de resistencia frente al desencanto.

La urgencia de una aparente sencillez. En este mundo contradictorio y en estos tiempos de desesperanza, la complejidad ya no parece suficiente para darnos las respuestas que hoy necesitamos. En este contexto, lo simple surge como una oportunidad de repensar nuestra existencia y a nuestra sociedad, y eso es lo que esta obra refleja y defiende. Con un argumento casi anecdótico, El peso de las hormigas nos plantea una realidad absurda que se percibe dolorosamente cercana, la de una sociedad que ha dejado de ver al otro, de preocuparse por lo ajeno y que no puede concebir nada más complejo que la propia satisfacción de necesidades banales. Hoy, ser empático es un acto tan extraño que llega a sentirse subversivo y desencajado, pero la obra se atreve a mostrarnos el hipotético encuentro de dos seres que deciden tratar de cambiar su realidad con toda una sociedad en contra. Una comedia que debe ser lo más entretenida posible, para no deprimir a su audiencia. Objetivo que se logra de manera excepcional, con una dirección que entiende la profundidad de un texto aparentemente simple; un elenco comprometido con la comedia, pero también con el mensaje que se quiere dar; y una producción que aporta dinamismo al cumplimento de su misión discursiva. Sin duda, una de las comedias juveniles más relevantes que se han montado en los últimos años, y que no extraña que venga de Los Endebles.

Después de ver El peso de las hormigas quise renunciar a mi trabajo. No por el trabajo en sí, sino por el impulso de moverme de cualquier inercia y hacer algo. La obra mira la adolescencia desde ese huracán de emociones que cuesta entender y explicar. Habla de la rabia, la frustración, las injusticias y de sentir que tu voz aún no cuenta. Pero también logra que, sin importar la edad, regreses a ese “yo” que quería cambiar el mundo y no sabía por dónde empezar. Mariana López Dávila y Germán Bracco vuelven palpables esas emociones; Boris Schoemann y Mahalat Sánchez sostienen un mundo adulto entre la resignación y el despertar, mientras Yayo Villegas suma fuerza con su actuación y diseño sonoro. Al salir, mi hija y yo no pudimos elegir un personaje favorito: todo funcionaba como una sola pieza. Salí con ganas de sumar mi peso al de las hormigas y mover, aunque fuera un poco, la balanza.
Una propuesta que se siente genuina y bien lograda. La dirección de Angelica Rogel pule cada detalle en escena. Boris disfruta cada momento en escena y eso se nota. Una obra que nos plantea desde el humor un tema tan complejo como lo es el actuar ante situaciones que parecerían más grandes que uno. Una obra pertinente en nuestros tiempos. Todo el equipo es excepcional, un gran diseño sonoro de Yayo Villegas, que te transporta a cada momento de la obra. Definivamente este montaje nos demuestra que el menos es más, la forma en la que resuelven la obra es increible, y logran llenar un espacio tan grande como lo es el Juan Ruiz de Alarcón.

El peso de las hormigas enfrenta con humor no solo al sistema tan irreconocible e injusto en el que nos encontramos, también nos enfrenta a preguntas que a veces nosotros mismos dejamos sin respuesta. Nos enfrenta y nos grita ¡Fuck You! Muy necesariamente. La obra se sostiene sobre clichés bien intencionados y que funcionan sin problema. Los golpes cómicos conectan suavemente con el público y generan complicidad fácilmente y los personajes principales mueven toda la obra a partir de sus inquietudes aunque quienes terminan destacando son los demás personajes. Sin duda recomendable.
El Peso de las hormigas debería ser vista por todos aquellos rebeldes del mundo. Porque trata de la frustración de lidiar con un mundo que nos gustaría cambiar y no saber cómo, ni siquiera saber si se puede, lo hace de una manera increíblemente graciosa y entretenida. Es un apapacho al corazón para las personas idealistas como su servidor. Lo único es que aunque el texto me fascina, sabiendo que el dramaturgo es Canadiense se entienden la forma en la que se manejan las dinámicas del contexto de la obra como la escuela. Y esto es meramente personal, no resta o suma a la calidad de la obra; creo que me gustaría verlo adaptado a una realidad más Mexicana.
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No sabía que esperar por el título y se convirtió en una de mis favoritas del año, excelente trabajo y química de todos. Luchemos por mejorar lo que queda de este mundo, sobre todo asistiendo al teatro ❤️

Una obra tan divertida como necesaria. A través de un humor muy accesible, El peso de las hormigas nos lleva a una preparatoria para hablar sobre el bullying, la indiferencia y esas pequeñas decisiones cotidianas que también pueden sostener una injusticia. Sin caer en el sermón, consigue abrir conversaciones importantes mientras mantiene un ritmo ligero y cercano. Con actuaciones muy sólidas y una dirección que aprovecha el humor para potenciar el mensaje, es una de esas obras que se disfrutan tanto como invitan a reflexionar.

Una obra maravillosamente dirigida que reflexiona sobre las grandes problemáticas que enfrenta la juventud y, en general, la sociedad actual, en un entorno dónde el mundo nos importa cada vez menos, la empatía con otros es la única solución que puede hacer valer nuestro peso como hormigas.