Planchando el vestuario...
Me Comería Un Caballo
Somnia Etérea
26 oct 26
La obra te tiene en el horror, el humor negro y la ternura, explora los límites entre lo humano y lo monstruoso, así como la mirada que consume y explota los cuerpos extraordinarios. La dirección es valiente. Maneja el horror sin caer en el susto fácil y el humor negro sin burlarse de los personajes. Te hace reír y al segundo te da culpa por haberte reído. Ese ritmo entre ternura y crueldad es lo que hace que no puedas despegarte. Lo extraordinario está en los cuerpos. Los actores no solo actúan lo "extraordinario", lo encarnan. Pasan de lo grotesco a lo vulnerable en un segundo. Se nota un trabajo físico brutal, nada es gratuito. La iluminación es casi un personaje más. Usa cortes muy cerrados, sombras largas, luz blanca cruda para exponer el cuerpo como en una feria, y penumbras cálidas para los momentos tiernos. Te hace sentir que tú también estás bajo la lupa.