Planchando el vestuario...
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Tras una década de conflicto, la ciudad de Troya ha caído, y Helena de Esparta es ahora la mujer más repudiada. Buscando refugio de quienes la culpan por la tragedia, llega a la isla de Rodas. Allí, guiada por las sirenas, se encuentra con la reina Polixo, sin sospechar que la esperan el rencor, la venganza y un destino aún más sombrío.
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5 reseñas de la comunidad
Una puesta visualmente bellísima, construida a partir de imágenes que por sí solas hacen que valga la pena mirar el escenario. La dramaturgia busca revisitar y desmitificar la figura de Helena de Troya desde una mirada contemporánea; sin embargo, para mí la relectura no termina de alejarse lo suficiente del mito que ya conocemos. Me quedé pensando en lo interesante que habría sido llevar esa reinterpretación todavía más lejos.
Ver reseña y comentarÉxtasis y belleza plantea una reflexión sobre el doble filo de la belleza: aquello que seduce, pero también aprisiona bajo las expectativas de una sociedad obsesionada con la apariencia. La intención es evidente, aunque siento que la obra no termina de desarrollar todo el potencial de ese discurso. La dirección apuesta por una intensidad emocional permanente que, lejos de profundizar el conflicto, termina acercándose al melodrama. No creo que sea un problema del elenco, sino de una puesta en escena que les exige sostener un registro tan elevado que deja poco espacio para los matices. Cuando todo es un clímax, el clímax pierde fuerza. Aun así, el lenguaje visual es uno de sus mayores aciertos. La iluminación construye atmósferas que enriquecen la historia y la escenografía, junto con los elementos escénicos, logra contar tanto como los diálogos. Una obra con ideas valiosas cuya ejecución no alcanza la profundidad que promete.
Ver reseña y comentarUn fresco viviente, retrato de la mujer convertida en símbolo de anhelo, rencor y destrucción. Evocadora. Un montaje visualmente estimulante que transforma conceptos abstractos en sensibilidad sensorial.
Ver reseña y comentarMe faltó ver la primera, me quedo con la segunda de éstas obras. Mucho girl power, visualmente es una belleza pero no conecté con el texto y creo que me disocié en algún momento porque la sentí lenta aunque dura poco.
Ver reseña y comentarUna obra ideal para quien busca su primera aproximación al teatro griego. La duración y el ritmo de las actrices hacen de esta obra una experiencia dinámica dentro de una tragedia propia de Helena de Esparta. Probablemente aún hay que afinar algunos aspectos de las interacciones de las protagonistas para generar más matices. Había una gestualidad extra cotidiana que se olvida a la mitad de la obra. La dramaturgia nos trae palabras del mundo digital que más que ser una invitación a la reflexión sobre nuestro mundo cotidiano, se perciben como un mal chiste de un tío incómodo. El círculo del centro del escenario es un gran acierto que se difumina con piedras de endebles características. Un soberbio diseño sonoro que eleva todo para bien. Pareciera que se les regaron 10 litros de perfume, al grado de marear y si era un estímulo previsto para la obra, este pasa a un término completamente ajeno y secundario. Mis mejores deseos para el resto de la temporada.
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Una puesta visualmente bellísima, construida a partir de imágenes que por sí solas hacen que valga la pena mirar el escenario. La dramaturgia busca revisitar y desmitificar la figura de Helena de Troya desde una mirada contemporánea; sin embargo, para mí la relectura no termina de alejarse lo suficiente del mito que ya conocemos. Me quedé pensando en lo interesante que habría sido llevar esa reinterpretación todavía más lejos.

Éxtasis y belleza plantea una reflexión sobre el doble filo de la belleza: aquello que seduce, pero también aprisiona bajo las expectativas de una sociedad obsesionada con la apariencia. La intención es evidente, aunque siento que la obra no termina de desarrollar todo el potencial de ese discurso. La dirección apuesta por una intensidad emocional permanente que, lejos de profundizar el conflicto, termina acercándose al melodrama. No creo que sea un problema del elenco, sino de una puesta en escena que les exige sostener un registro tan elevado que deja poco espacio para los matices. Cuando todo es un clímax, el clímax pierde fuerza. Aun así, el lenguaje visual es uno de sus mayores aciertos. La iluminación construye atmósferas que enriquecen la historia y la escenografía, junto con los elementos escénicos, logra contar tanto como los diálogos. Una obra con ideas valiosas cuya ejecución no alcanza la profundidad que promete.

Un fresco viviente, retrato de la mujer convertida en símbolo de anhelo, rencor y destrucción. Evocadora. Un montaje visualmente estimulante que transforma conceptos abstractos en sensibilidad sensorial.
Me faltó ver la primera, me quedo con la segunda de éstas obras. Mucho girl power, visualmente es una belleza pero no conecté con el texto y creo que me disocié en algún momento porque la sentí lenta aunque dura poco.
Una obra ideal para quien busca su primera aproximación al teatro griego. La duración y el ritmo de las actrices hacen de esta obra una experiencia dinámica dentro de una tragedia propia de Helena de Esparta. Probablemente aún hay que afinar algunos aspectos de las interacciones de las protagonistas para generar más matices. Había una gestualidad extra cotidiana que se olvida a la mitad de la obra. La dramaturgia nos trae palabras del mundo digital que más que ser una invitación a la reflexión sobre nuestro mundo cotidiano, se perciben como un mal chiste de un tío incómodo. El círculo del centro del escenario es un gran acierto que se difumina con piedras de endebles características. Un soberbio diseño sonoro que eleva todo para bien. Pareciera que se les regaron 10 litros de perfume, al grado de marear y si era un estímulo previsto para la obra, este pasa a un término completamente ajeno y secundario. Mis mejores deseos para el resto de la temporada.