Planchando el vestuario...
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El Eterno Femenino
@teatroinbalProducción:Coordinación Nacional de Teatro• CDMX

Producción:Coordinación Nacional de Teatro• CDMX
Dentro de un salón de belleza, un peculiar secador de pelo induce a las clientas a soñar, transportándolas a un viaje a través del tiempo. Mitos e historia se entrelazan mientras figuras emblemáticas como Sor Juana, La Malinche y Carlota cuestionan el matrimonio, la abnegación y las expectativas sociales impuestas a las mujeres, en una sátira lúcida e hilarante sobre la condición femenina en México.
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1 reseña de la comunidad
El eterno femenino retoma la dramaturgia de Rosario Castellanos para exponer mecanismos sociales que, lamentablemente, siguen resultando demasiado reconocibles. La obra señala la forma en que a las mujeres se les han impuesto roles, conductas y mandatos de género, pero también cuestiona quién ha tenido históricamente el poder de contar sus historias y desde qué mirada se han construido. Lo inquietante es comprobar que sus planteamientos no se sienten como el retrato de otra época. Entre la ironía y la denuncia, el escenario termina devolviéndonos un reflejo dolorosamente vigente de la sociedad mexicana y de estructuras que aún encuentran nuevas formas de perpetuarse. Sin embargo, también queda un resquicio de esperanza: la lucha feminista ha conseguido abrir espacios, cuestionar discursos y transformar realidades que durante mucho tiempo parecían inamovibles. El avance quizá no ocurre con la velocidad que quisiéramos, pero existe, y mirar hacia atrás también permite reconocer cuánto se ha conquistado y cuánto queda todavía por disputar.
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El eterno femenino retoma la dramaturgia de Rosario Castellanos para exponer mecanismos sociales que, lamentablemente, siguen resultando demasiado reconocibles. La obra señala la forma en que a las mujeres se les han impuesto roles, conductas y mandatos de género, pero también cuestiona quién ha tenido históricamente el poder de contar sus historias y desde qué mirada se han construido. Lo inquietante es comprobar que sus planteamientos no se sienten como el retrato de otra época. Entre la ironía y la denuncia, el escenario termina devolviéndonos un reflejo dolorosamente vigente de la sociedad mexicana y de estructuras que aún encuentran nuevas formas de perpetuarse. Sin embargo, también queda un resquicio de esperanza: la lucha feminista ha conseguido abrir espacios, cuestionar discursos y transformar realidades que durante mucho tiempo parecían inamovibles. El avance quizá no ocurre con la velocidad que quisiéramos, pero existe, y mirar hacia atrás también permite reconocer cuánto se ha conquistado y cuánto queda todavía por disputar.