Planchando el vestuario...
Planchando el vestuario...

Por Valeria Fabbri
En su tinta producciones
DramaEl canto de los grillos Una puesta en escena que parte de una herida insoportable: la desaparición y trata infantil, la impunidad y el desamparo de quienes buscan justicia. El dispositivo escénico parece comprender la gravedad de aquello que narra. Sin embargo, en su empeño por intensificar el sufrimiento, transita peligrosamente por los excesos del melodrama. La acumulación de recursos dramáticos termina comprometiendo su verosimilitud y, por momentos, parece olvidar la responsabilidad ética y estética que exige representar una violencia de semejante magnitud. Pero mi mayor conflicto no es únicamente estético, sino ético. La obra plantea preguntas necesarias sobre la justicia, la venganza y un sistema que abandona a las víctimas. El problema aparece cuando esa crítica parece desembocar en una distribución indiscriminada de la condición de víctima, incluso entre quienes ejercen la violencia. Comprender que el abuso puede reproducirse dentro de estructuras violentas no equivale a justificarlo. Existe una distancia moral enorme entre explicar las circunstancias de un agresor y desdibujar su responsabilidad. El teatro no está obligado a ofrecer respuestas ni certezas tranquilizadoras. Pero la complejidad tampoco debería convertirse en una coartada para la ambigüedad moral. Porque cuando todos parecen ser víctimas del sistema, corremos el riesgo de olvidar quiénes fueron las víctimas de sus actos.
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