Planchando el vestuario...
Planchando el vestuario...

Por Reynolds Robledo
Lobos Producciones
DramaHay obras que parten de una pregunta y otras de una contradicción. Réquiem pertenece a las segundas. Su mayor virtud está en poner sobre la mesa un dilema tan vigente como incómodo: ¿qué tan sólidas son nuestras convicciones? ¿Las defendemos porque verdaderamente creemos en ellas o porque nunca han sido puestas a prueba? La dramaturgia desarrolla esa discusión con inteligencia, evitando los juicios fáciles y permitiendo que el espectador construya sus propias conclusiones conforme la historia avanza. En ese terreno destaca Marimar Vega con una interpretación de gran intensidad y notable control escénico. Su trabajo dota al montaje de un pulso constante y encuentra el equilibrio entre la contención y el desborde cuando la historia lo requiere. Réquiem no pretende dictar una postura; invita a examinar la propia. Y quizá esa sea su mayor acierto: recordarnos que las convicciones no se miden por la contundencia con la que se enuncian, sino por la consistencia con la que se sostienen.
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