Planchando el vestuario...
Planchando el vestuario...

María, Sofía y Julieta no se conocen, pero tienen algo en común: la misma empresa intentó verles la cara. Descubre cómo una botarga de vaca se convierte en su mejor herramienta para enfrentarse a un gran corporativo y transformar sus dramas en comedia. Una historia de tres mujeres, 70 534 tapitas y mucha leche.
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1 reseña de la comunidad
Woman Washing construye una denuncia poderosa y frontal contra las estructuras y empresas que convierten las experiencias de las mujeres en mercancía. A través de tres historias distintas, la puesta muestra cómo sus cuerpos, conocimientos, identidades e incluso sus luchas pueden ser apropiados por un discurso corporativo que aparenta empoderarlas mientras continúa beneficiándose de ellas. La obra amplía así la idea de cosificación más allá de la sexualización. También habla del borrado de identidad, de conocimientos que son minimizados y de violencias normalizadas dentro del ámbito laboral, donde la voz de las mujeres puede ser utilizada, ignorada o reemplazada según convenga a los intereses de una empresa. Lo más incómodo es que incluso el feminismo puede terminar convertido en una estrategia de venta: una imagen progresista capaz de comercializar la rabia y las historias de quienes, en realidad, siguen sin ser escuchadas. Frente a ello, la sátira y el humor se convierten en herramientas de resistencia para recuperar aquello que les fue arrebatado: la posibilidad de contar su propia historia. Una obra divertida en su forma, pero profundamente triste en aquello que denuncia, porque detrás de la exageración escénica permanece una realidad demasiado reconocible.
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Woman Washing construye una denuncia poderosa y frontal contra las estructuras y empresas que convierten las experiencias de las mujeres en mercancía. A través de tres historias distintas, la puesta muestra cómo sus cuerpos, conocimientos, identidades e incluso sus luchas pueden ser apropiados por un discurso corporativo que aparenta empoderarlas mientras continúa beneficiándose de ellas. La obra amplía así la idea de cosificación más allá de la sexualización. También habla del borrado de identidad, de conocimientos que son minimizados y de violencias normalizadas dentro del ámbito laboral, donde la voz de las mujeres puede ser utilizada, ignorada o reemplazada según convenga a los intereses de una empresa. Lo más incómodo es que incluso el feminismo puede terminar convertido en una estrategia de venta: una imagen progresista capaz de comercializar la rabia y las historias de quienes, en realidad, siguen sin ser escuchadas. Frente a ello, la sátira y el humor se convierten en herramientas de resistencia para recuperar aquello que les fue arrebatado: la posibilidad de contar su propia historia. Una obra divertida en su forma, pero profundamente triste en aquello que denuncia, porque detrás de la exageración escénica permanece una realidad demasiado reconocible.