Planchando el vestuario...
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Renato es un joven apasionado del manga y el anime cuya vida da un vuelco tras el diagnóstico de cáncer de su madre, su única cómplice de afición. Un viaje sobre el duelo, la resiliencia y el crecimiento personal a través de los códigos de la animación japonesa.
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2 reseñas de la comunidad
Una obra para recordar que a los máximos enemigos se les enfrenta bailando. Un montaje lleno de corazón. Con un genial diseño sonoro, y un muy generoso trabajo actoral. De esos que te entregan el alma a través de la mirada.
Ver reseña y comentarOtaku parte del ingenio y la ligereza que encuentra en la afición de su protagonista por el anime para, casi sin advertirlo, conducirnos hacia un territorio mucho más íntimo: el duelo y la pérdida. La puesta consigue transitar entre el humor y la emoción sin que uno anule al otro, haciendo de ese imaginario una puerta de entrada a una historia profundamente humana. Es divertida y conmovedora, aunque su dramaturgia deja la sensación de que el conflicto central podría desarrollarse con mayor pausa. Su resolución llega demasiado pronto, justo cuando el dolor comienza a adquirir peso, sin permitir que permanezcamos en él el tiempo suficiente para dimensionar por completo lo que representa para el protagonista. Aun así, Otaku encuentra sensibilidad en un universo que podría parecer únicamente lúdico y demuestra cómo aquello que amamos también puede convertirse en refugio cuando enfrentamos una pérdida.
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Una obra para recordar que a los máximos enemigos se les enfrenta bailando. Un montaje lleno de corazón. Con un genial diseño sonoro, y un muy generoso trabajo actoral. De esos que te entregan el alma a través de la mirada.
Otaku parte del ingenio y la ligereza que encuentra en la afición de su protagonista por el anime para, casi sin advertirlo, conducirnos hacia un territorio mucho más íntimo: el duelo y la pérdida. La puesta consigue transitar entre el humor y la emoción sin que uno anule al otro, haciendo de ese imaginario una puerta de entrada a una historia profundamente humana. Es divertida y conmovedora, aunque su dramaturgia deja la sensación de que el conflicto central podría desarrollarse con mayor pausa. Su resolución llega demasiado pronto, justo cuando el dolor comienza a adquirir peso, sin permitir que permanezcamos en él el tiempo suficiente para dimensionar por completo lo que representa para el protagonista. Aun así, Otaku encuentra sensibilidad en un universo que podría parecer únicamente lúdico y demuestra cómo aquello que amamos también puede convertirse en refugio cuando enfrentamos una pérdida.