Planchando el vestuario...
Planchando el vestuario...

Por Sebastián Ibarra
Enajenados Teatro
ComediaCuando inicia la obra, parece que veremos otro cliché: cinco personajes inconexos hablando unos sobre otros para demostrar complejidad. A los pocos minutos, los actores se disculpan por la introducción y por lo que vendrá. Pensarías que se crea un pacto, pero parece más bien una advertencia. La obra no intenta contarnos la historia de San Panduro de la Paz ni criticar todos los estilos teatrales. Al final, parece no intentar contarnos nada y se pierde en esa premisa. Tal vez el arte no sirve para nada, pero reconocer el sinsentido no basta para convertirlo en sentido. La ambición es mucha: ese montaje de titulación que quiere demostrar todo lo aprendido. Sobran ideas y chistes, pero el último ornitorrinco rosa sigue pesando. El ritmo no funciona (se disculpan), el final no se entiende (también) y salvar al ornitorrinco es tan banal que terminas pensando que tú eres el insignificante. La obra es y no es; la historia está y no está. Sales sin saber si viste algo o solo lo soñaste. Meh
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