Planchando el vestuario...
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Paloma regresa a Mérida para reencontrarse con Martha, su madre, y con la casa llena de plantas y mascotas que dejó atrás. Su visita da un giro inesperado cuando recibe la noticia de que deberá hacerse cargo de Pedro y Julián, dos niños que han atravesado momentos difíciles desde muy pequeños. Aunque al principio duda de su capacidad para asumir esta responsabilidad, decide no dejarlos solos. Con la complicidad de Martha, y entre guisos, juegos, animales y la silenciosa compañía de la Luna, ambas comienzan a construir un hogar donde el cuidado y la ternura abren nuevas posibilidades. La obra celebra la diversidad de las familias y la fuerza del afecto para sanar, recordándonos que, a veces, sólo la ternura puede salvarnos.
1 nominación.
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6 reseñas de la comunidad
Un homenaje a la vida y sus inesperadas sorpresas, está excelentemente escrita y dirigida, las actuaciones magistrales y el manejo de títeres muy bien ejecutado (ni los notas, porque entras en la convención de que son realmente animales y niños) Hace 8 días la vi y sigo emocional. Es entrañable. La recomiendo absolutamente. Felicidades!!
Ver reseña y comentarEs una obra que mira a la familia desde el amor, entendiendo que puede tomar muchas formas; no es infantil, es profundamente familiar. Resulta necesaria por cómo aborda, con sensibilidad, un tema complejo como el sistema del DIF. Destacan el manejo de los muppets y las actuaciones, que vuelven el mensaje cercano, digerible y emotivo. Al final, deja una idea poderosa: las familias son tan distintas como las estrellas.
Ver reseña y comentarLa pluma de Conchi León siempre es garantía y Pedro y Julián no es la excepción. Una linda historia que estruja el corazón.
Ver reseña y comentarUna dramaturgia sensible ante la situación que retrata. Transmite una vibra de nostalgia a esa época que nos obligó estar pegados como nunca con nuestro núclelo familiar. Hasta hoy recuerdo la escena de la lámpara de Paloma, que años después de dejarse de usar vuelve a cumplir su propósito con Pedro y Julián. Las hamacas me recordaron a mi infancia y los títeres (con un buen manejo, por cierto) vivieron en ellas como cualquier niño yucateco. El amor une, sana y transforma incluso en nuestros momentos más críticos. La historia de Pedro y Julián es prueba de ello. La maestra Conchi León hizo un gran trabajo con esta dramatización, y logra compartirnos el amor que acompañó a estos hermanos. Hay más estrellas de las que vemos en el cielo. Para los teatreros en la CDMX: ¡no se pierdan esta obra!
Ver reseña y comentarLas obras de Conchi son garantía de calidad. Me encantó el recurso de los títeres y animales. No la "calificaría" como una obra para niños. Me hubiera gustado que explotaran más el dilema de la protagonista.
Ver reseña y comentarMuy hermosa obra. Me sacó un par de lágrimas, muy bonita manera de visibilizar estos temas.
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Un homenaje a la vida y sus inesperadas sorpresas, está excelentemente escrita y dirigida, las actuaciones magistrales y el manejo de títeres muy bien ejecutado (ni los notas, porque entras en la convención de que son realmente animales y niños) Hace 8 días la vi y sigo emocional. Es entrañable. La recomiendo absolutamente. Felicidades!!

Es una obra que mira a la familia desde el amor, entendiendo que puede tomar muchas formas; no es infantil, es profundamente familiar. Resulta necesaria por cómo aborda, con sensibilidad, un tema complejo como el sistema del DIF. Destacan el manejo de los muppets y las actuaciones, que vuelven el mensaje cercano, digerible y emotivo. Al final, deja una idea poderosa: las familias son tan distintas como las estrellas.
La pluma de Conchi León siempre es garantía y Pedro y Julián no es la excepción. Una linda historia que estruja el corazón.

Una dramaturgia sensible ante la situación que retrata. Transmite una vibra de nostalgia a esa época que nos obligó estar pegados como nunca con nuestro núclelo familiar. Hasta hoy recuerdo la escena de la lámpara de Paloma, que años después de dejarse de usar vuelve a cumplir su propósito con Pedro y Julián. Las hamacas me recordaron a mi infancia y los títeres (con un buen manejo, por cierto) vivieron en ellas como cualquier niño yucateco. El amor une, sana y transforma incluso en nuestros momentos más críticos. La historia de Pedro y Julián es prueba de ello. La maestra Conchi León hizo un gran trabajo con esta dramatización, y logra compartirnos el amor que acompañó a estos hermanos. Hay más estrellas de las que vemos en el cielo. Para los teatreros en la CDMX: ¡no se pierdan esta obra!
Las obras de Conchi son garantía de calidad. Me encantó el recurso de los títeres y animales. No la "calificaría" como una obra para niños. Me hubiera gustado que explotaran más el dilema de la protagonista.