Planchando el vestuario...
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Hamlet 3.5 o de la fatuosa necesidad de vivir en el engaño. Por Claudio Morales A comienzos del siglo XVII, William Shakespeare dio forma a Hamlet; Aunque la historia tiene raíces en relatos escandinavos antiguos —especialmente en las crónicas de Saxo Grammaticus y en la reinterpretación de François Belleforest—, la versión que conocemos es el resultado de una profunda reelaboración. Incluso se habla de una obra anterior hoy desaparecida, el llamado Ur-Hamlet, que pudo haber servido como punto de partida. Más allá de sus fuentes, la obra nace en un momento histórico atravesado por tensiones políticas, dudas en torno a la sucesión de la corona inglesa y un cambio de paradigma cultural: el paso de la mentalidad medieval al pensamiento renacentista. Ese clima de sospecha, transición e inestabilidad se filtra en el conflicto del príncipe danés y en la atmósfera inquietante que sostiene toda la tragedia. Es desde esa herencia dramática que la Doctora María Teresa Paulín escribe y dirige Hamlet 3.5, una relectura que traslada el conflicto shakesperiano al territorio más inestable de nuestra época: las redes sociales. Al frente de un grupo de jóvenes actores de la Compañía de Teatro de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, construye una versión que no traiciona la anécdota original, sino que la desplaza hacia una problemática contemporánea profundamente existencial. Aquí el rey no muere por veneno vertido en el oído mientras duerme en el jardín, sino a través de unos audífonos envenenados; la manipulación ya no circula en susurros palaciegos, sino en publicaciones, tendencias y narrativas digitales que se consumen sin cuestionamiento. La corte se convierte en audiencia. El rumor, en algoritmo. Y la verdad, en una disputa por la viralidad. “Ser viral o ser verdad, esa es la cuestión”, resuena como una reformulación dolorosamente precisa del dilema hamletiano. “Postear o no postear” no es una broma ligera, sino la evidencia de que hoy la acción y la omisión también se juegan en el escaparate virtual. En esta versión, la existencia parece depender de la visibilidad; no ser visto equivale casi a no ser. La presencia de un presentador que conduce la acción como si se tratara de un programa en tendencia refuerza esta idea: la tragedia se convierte en espectáculo, el duelo en contenido, la sospecha en noticia. La obra subraya cómo habitamos una realidad mediada por pantallas donde la percepción colectiva puede condenar —funar— antes de comprender. Desde mi perspectiva, Hamlet 3.5 es una propuesta inteligente y necesaria. No busca modernizar el clásico por capricho, sino dialogar con él desde una urgencia actual. Shakespeare planteó la duda, la apariencia, la traición y la imposibilidad de distinguir entre ser y parecer; Paulín retoma ese mismo núcleo y lo confronta con nuestro problema contemporáneo: la construcción de identidad en redes y la fatuosa necesidad de sostener una imagen, aunque esté edificada sobre el engaño. La obra nos recuerda que el conflicto existencial no ha cambiado, solo el escenario. Antes era el castillo; hoy es la pantalla. Antes el fantasma hablaba en la noche; ahora lo hace en un feed interminable. Y en ambos casos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué es verdad y qué estamos dispuestos a creer? Concluyo invitando a verse en esta obra, no desde el filtro de la plataforma que envenena no solo el odio y la vista, sino la existencia, invito a vernos desde el espejo que el Teatro nos muestra y trasgrede


La considero una excelente adaptación de la obra de William Shakespeare con una dirección que no pretende mas que comunicar y actores presentes en la ficción